Bienvenidos.

Como una bala
me atravesaste los sentimientos
descolocándolos y reordenándolos al azar
en un crepúsculo amor que fue creciendo.
Y sin embargo también
como una bala,
te fuiste,
esparciendo la sangre con la que habías colisionado.
Y ya no queda nada
ni de ti
ni de mí
ni de nosotros.
Quizá el culpable sea el tiempo
que no nos quiso tener muy unidos
para que no nos hiciéramos daño,

aunque su plan no sirvió.